La restauración de cerámica.
Por ser generalmente obras menores no solemos prestar demasiada atención a los objetos cerámicos de uso decorativo y funcional doméstico, barros y escayolas (de los que hablaremos otro día) que suelen llegar al taller para su restauración, en muchos casos su escaso valor nos hace recomendar al cliente que desista de su recuperación, pero por regla general tienen un componente sentimental que les hace empeñarse en conservarlos a pesar de que, por mucho que recortemos el presupuesto, cuesta más nuestra intervención que el propio valor del objeto.
Acabo de terminar el informe de un gran macetero que, a consecuencia de su uso poco controlado, había sufrido un gran deterioro por la humedad acumulada en su base, lo que había producido pérdidas de la decoración y alarmantes debilitamientos en el material de base. Esto me ha hecho recordar que nunca habíamos hablado en este rinconcito de las piezas menores, las más comunes en todas las casas.
Antes y después de su restauración.
Hoy vamos a comentar brevemente sobre las cerámicas vidriadas, sus posibles problemas y su recuperación.
Lo más normal es que la restauración cerámica nos llegue a consecuencia de las roturas por golpe, por lo que nuestra labor consiste sobre todo en recomponer y reforzar la pieza, procurando completar los pequeños fragmentos faltantes y aplicar unas reintegraciones de policromía que, en el caso de obras para particulares, han de estar lo mejor disimuladas posibles. El principal problema es que, al tratarse de piezas que han sido en origen horneadas, es tremendamente difícil volver a recrear el aspecto que da el esmalte tras su cocción, para lo que utilizamos materiales específicos para policromar cerámica en frío y sus barnices correspondientes, aunque nunca se llega a conseguir su total integración.

Antes y después de su restauración

De este modo recuperamos el aspecto del objeto de cerámica horneada, pero no podremos volver a recuperar, en caso de haberla tenido, su función utilitaria, pues la fragilidad es sin duda mayor en las zonas añadidas, al no poder volver a quemar la pieza.
Detalles de la pieza antes de su reintegración.
Detalle de la pieza reintegrada
Desde luego siempre incorporamos en los informes de entrega de la obra terminada una serie de recomendaciones, la fundamental en estos casos es la total ausencia de humedad en la misma, si se quiere alargar la vida de ese objeto-recuerdo.
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Puck dijo
A veces nos empeñamos en conservar cosas realmente feas, pero comprendo perfectamente lo del valor sentimental. Y por feos que puedan ser algunos objetos se les puede dar un valor de época, casi etnográfico ... así cualquiera puede tener en casa (si tiene valor para ello) un auténtico museo del horror. Seguro que has visto aluna vivienda así.
21 Junio 2011 | 09:55 AM