IGLESIA DE SAN MIGUEL ARCANGEL DE MULA (MURCIA). Restauración de la decoración interior II
En la tercera fase de la intervención, de febrero a abril de 2008, se acometen las obras de restauración de las bóvedas y muros del Presbiterio, con financiación de la Consejería de Cultura de la Región de Murcia, a través de subvención del Centro de Restauración de la Dirección General de Cultura; este espacio cuenta con numerosas transformaciones recientes, pérdida del retablo, sustituido por grandes lienzos de moderna factura, e incorporación de un gran baldaquino central de obra con yeserías decorativas de la segunda mitad del siglo XX, pero que conserva, aunque muy deteriorada, su decoración original en la bóveda.
No existen datos documentales sobre la autoría de las decoraciones, pero si podemos apuntar algunos datos relacionados con ella. La decoración de la bóveda es obra de finales del S. XVIII, época en que se incorporan a los pies de la iglesia dos importantes elementos, una cancela y un magnífico coro alto, apoyado sobre el antiguo arco carpanel de ingreso al templo, que marcaba el antiguo espacio del coro sobrepasándolo por los dos extremos hasta la primera capilla en ambos lado. Todo ello de estilo rococó, por su rico carácter cortesano, que en la decoración de la bóveda se compone de delicadas guirnaldas de flores combinadas con potentes rocallas en plata corlada.
Baquero Almansa nos indica que conoció un proyecto de modificación y conclusión de la iglesia posterior al de Belluga, realizado por el artista ilicitano Pedro Pagán en 1751 y, fuera o no el proyecto que se llevara a cabo finalmente, esto nos indica que sin duda las últimas obras, entre las que incluiremos la bóveda del presbiterio, se ejecutaron en torno a la década de los años 60 del siglo XVIII.
Curiosamente mientras procedíamos a las tareas de sellado de grietas se produce un descubrimiento absolutamente sorprendente, el desprendimiento de un gran fragmento de enlucido deja al descubierto la pintura mural de un retablo de arquitectura fingida, que será motivo de un posterior capítulo, pero si que hemos de avanzar que estilísticamente corresponde a una época anterior a la decoración existente, coincidiendo con la factura y época de las pinturas descubiertas igualmente en la cúpula en la primera fase.
No podemos saber con total certeza si ambas decoraciones llegaron a cohabitar, pero si existen datos de archivo que nos indican que el retablo en trampantojo fue cubierto h. 1757, para incorporar otro más acorde en madera, desaparecido durante la Guerra Civil, similar en trazas al de las Agustinas de Murcia, que contenía un tabernáculo. En unos manuscritos de Boluda del Toro y por escritura ante notario se sabe que Antonio Puche de Murcia doró el retablo de San Miguel de Mula en 1788, también José Mª Ibáñez, en sus "Rebuscos", comenta que "el retablo es de la misma estructura que el de las Agustinas, mientras que el tabernáculo, aunque más enriquecido, es como el de Santa Eulalia". Lo cierto es que, cerrando el arco de unión del muro a la bóveda, nos quedan los escasísimos restos de dicho retablo dorado, sobrepuesto a las pinturas ahora encontradas.
La bóveda sobre el espacio del presbiterio cuenta con dos grandes lunetos, con óculos de iluminación, que arrancan de un entablamento corrido de similar morfología al que recorre el resto de la iglesia. Los lunetos están fuertemente resaltados por una moldura con elementos de relieve en rocalla, en su vértice superior, que enlaza con el pinjante de la clave, elemento potente compuesto de molduras y formas blandas. Todo ello en un juego de relieves dorados, en pan de oro metal altamente oxidado, y con decoración floral complementaria sobre el muro tanto de pintura, como de pan de plata corlada con remarques del dibujo y sombreados en tonos oscuros. Completando la decoración los tonos de los fondos, en blanco neutro con puntuales líneas y fondos de arco y pilastras en verde suave, color que había sufrido una gran degradación y resultaba poco perceptible, y perfiles de zonas doradas en tostado anaranjado.
El entablamento cuenta con un esquema de color muy diferente al que nos mostraba en principio, donde además se había ocultado una guirnalda de similares características que las flores de la bóveda. Lo mismo que había ocurrido en las pilastras más próximas a la zona del crucero, donde las flores que aparecen son en plata corlada.
En la zona inferior de las pilastras encontramos en las catas realizadas el mismo zócalo de almagra que ha aparecido en el resto de la iglesia y, al margen de sus propiedades hidrofugantes y la resistencia de este material en la zona que más expuesta está a las alteraciones, suponemos que entonaba bien con lo que debió ser el primitivo suelo de loseta de barro.
Los daños diversos y cuantiosos, pero en su mayoría debidos a los efectos de filtraciones de humedad y sus intentos reparadores, barridos en las pinturas, oxidaciones en los metales, grandes pérdidas, mohos, repintes sobre las decoraciones y un largo etcétera de patologías, amén de grietas de importancia, a las que solo podamos agradecer el haber encontrado un "tesoro" artístico oculto.
La intervención de ASOARTE siguió en todo caso los métodos más ortodoxos en el campo de la restauración, que ya tantas veces hemos presentado en estas páginas y en los que no vamos a insistir; si hay que mencionar que paralelamente se efectuaron algunas adecuaciones en elementos de reciente incorporación, que por distintos motivos iban a permanecer en su lugar, pero que distorsionaban notablemente la visión de conjunto.
En primer lugar se realizó un repolicromado sobre los relieves centrales de las pechinas, dado que al ser colocados estos se había destruido completamente la decoración original bajo ellos, pudiendo solo ser rescatada parcialmente la perimetral. En un intento de aplacar su intensidad y protagonismo, se procedió a realizar una encáustica en forma de trampantojo de marmoreado blanco.
Por otra parte y ante las dudas sobre la que sería siguiente intervención, la correspondiente al retablo descubierto y la continuidad del baldaquino, se matizaron algunos colores de este último para su entonación con el resto de elementos.
Aprovechamos el momento para dejar al descubierto un fragmento importante de la zona superior del retablo, con una restauración parcial del mismo, para mostrar al público la posibilidad de su total recuperación y tomar el pulso de sus opiniones al respecto.
Nada mejor que las imágenes para poder apreciar la labor realizada por nuestro equipo técnico.

Eliminación de capas de enlucido que cubrían la decoración en la zona de las pechinas.

Desprendimiento que deja a la vista el fragmento superior de un retablo en trampantojo de arquitectura fingida.
Catas de eliminación de revestimientos en zonas de cornisa, dejando a la luz la decoración oculta.

Catas de estratigrafía sobre zonas bajas de los muros laterales.
Estado inicial del Presbietrio.
Vista general del estado inicial

Resultado final de los trabajos de esta fase, puede apreciarse el fragmento de retablo que se ha dejado al descubierto.



Puck dijo
¿Esos ángeles a los lados del retablo fingido acabarán queándose ahí?
A mí no me molestan pero quedan raros.
Si paso por Santa Eulalia entraré a mirar, ya ni me acuerdo como es el interior de esa iglesia. Luego comentaremos, vale?
9 Octubre 2009 | 06:01 PM